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Identidad y reconocimiento

30/05/2010

Noé charlando con...?

Los jóvenes suelen tener problemas. Diría más, creo que es la edad de los problemas: aquella en la que posiblemente se concentre una mayor cantidad de interrogantes, los cuales en su mayoría son de contenido emocional y están vinculados a la cuestión de la identidad personal: ¿cómo soy?, ¿realmente soy como creo ser?, ¿cómo creen las demás personas que yo soy?

El desconcierto y la angustia están servidos. La actitud de los adultos –padres, profesores– tampoco suele ayudar demasiado. Los adultos sentimos que nuestra función principal respecto de los jóvenes, además de cuidarles y protegerles, es continuar con la difícil tarea iniciada durante la infancia, es decir, educarles. Pero la tarea de educar por lo general se entiende como señalar insistentemente en cómo se debería ser, lo que significa una manifestación constante de lo que no se es. Cuando se dice a un joven que debe estudiar más, que debe ser más ordenado, que debe ser más responsable, que debe ser más respetuosos, en realidad lo que el joven recibe es que él no es estudioso, no es ordenado, no es respetuoso… Es decir, se le está devolviendo, de manera continuada, la imagen de una identidad en negativo; cuando pareciera que lo que en realidad los jóvenes están necesitando es una imagen en positivo de lo que son (digo una imagen en positivo, que no necesariamente una imagen positiva).

La información que recibimos de las demás personas sobre nosotros mismos juega un papel fundamental en la construcción de nuestra identidad. Se puede decir que tenemos una necesidad casi imperiosa de mirarnos en ese espejo que son los demás y vernos en él reflejados. Si al mirarnos, la imagen devuelta es siempre negativa, nos invade un sentimiento de culpabilidad o desvalorización personal; si sólo vemos la ausencia de toda imagen, entonces lo que sentimos es sencillamente desesperación.

En el lenguaje de la psicología social se dice que los otros son significantes (1) para el sujeto: la información que de ellos recibimos dan significado a nuestras propias acciones y pensamientos. Incluso la mayoría de las veces actuamos en función de lo que suponemos anticipadamente que serán los efectos que en el otro va a producir nuestro comportamiento. Se da entonces una significación anticipada: no sólo somos lo que los demás dicen que somos, sino que además somos lo que creemos que los demás pensarán si se enteran de que hacemos lo que hacemos o pensamos lo que pensamos. Por alguna razón, una de las características propias de nuestra especie es la de ser “animales empáticos”, es decir, tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro, no sólo para comprenderle, sino sobre todo para comprender lo que nosotros somos.

Esta tendencia de los adultos a devolver una identidad negativa –todo lo que se debe ser, es decir, lo que no se es– suele tener consecuencias importantes. Cuando existe un vínculo afectivo profundo entre el adolescente y el adulto, esta negatividad produce sentimientos de culpabilidad y angustia; cuando estos vínculos afectivos no son tan intensos, o sencillamente cuando la culpabilización o el reproche llegan a ser insoportables, se produce un desplazamiento en la función de significación. Los jóvenes dejan de tener al mundo de los adultos como referencias de significación, y buscan esa imagen propia tan necesitada en el grupo de los amigos.

Sin embargo, este cambio de escenario en la construcción de la identidad no siempre es totalmente eficaz. Hay que tener en cuenta que los integrantes del grupo de amigos, en los que ahora se ha puesto la función de significación, también son jóvenes que están pasando por esa concentración problemática de interrogantes, y que también están intentando construir sus propias identidades.

Esta descripción diagnóstica no significa una constatación de deficiencias que necesariamente deban ser superadas. No siempre esto es posible o fácil de llevar a cabo. Por supuesto que si los adultos fuésemos capaces de ofrecer significaciones positivas sobre el comportamiento y las ideas de los jóvenes, si pudiéramos sustituir el reproche por las propuestas o el diálogo, la situación podría tornarse excelente. Sin embargo, hay que ser realistas: la vida de los adultos suele estar llena de contradicciones, y las bases de nuestra propia identidad fueron construidas en otras épocas y de manera no siempre armónica, lo cual no constituye las mejores condiciones para desarrollar una suerte de pedagogía del reconocimiento, la cual podría considerarse óptima.

Con frecuencia, los jóvenes no tienen más remedio que sumergirse en una búsqueda personal de referentes y de sentidos, construir con materiales sumamente precarios la imagen que necesitan tener de sí mismos, recurrir a espejos que compensan la deficiente calidad del reflejo que devuelven con profundos sentimientos de afecto, solidaridad y camaradería; esto es, acudir al apoyo incondicional de los amigos.


(1) HARGREAVES, D. Las relaciones interpersonales en la educación. Madrid: Narcea Ed. (1986), p.16

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8 comentarios dejar un →
  1. 31/05/2010 5:46

    Estimado Alejandro,
    Gracias nuevamente por compartir tus reflexiones, muy pertinentes para los que nos encontramos constantemente frente a jóvenes. La inquietud que automáticamente surge de la lectura es de orden práctica, ¿cómo ayudar al adolescente o al joven en esa situación de desconcierto y angustia en la que se encuentra?, ¿cómo se puede desarrollar esa pedagogía del reconocimiento, no solamente por parte del docente, sino también por los padres?, ¿qué papel juega la filosofía en esa tarea?
    Saludos
    Wilbert

    • 31/05/2010 18:46

      Apreciado Wilbert,

      Me gustaría hacer extensiva tus preguntas a todos los docentes, que pueden seguir este blog. Me interesan y entusiasman especialmente, aunque no me sienta especialmente capacitado para responderlas de una manera definitiva.

      Quizá me sentiría más en condiciones de narrar, y de hecho es lo que intento hacer, mi (nuestra) experiencia con los jóvenes en la clase de filosofía.

      Más que preguntarme “cómo hacer para…” me gustaría contaros cómo lo hago, y saber cómo lo hacéis vosotr@s. Sería algo así como interpelar a la experiencia para desentrañar en ella su sentido, más que indagar por el sentido que pueda a-priori orientar nuestra experiencia.

      Es mi intención, dentro de lo que pueda, continuar haciéndolo y compartiéndolo.

      Un abrazo

      Alejandro

  2. 31/05/2010 8:32

    Reconozco que he empezado a leer tu post buscando una explicación y quizás alguna respuesta a mis preguntas personales como padre. Quizás desde la filosofía pueda entender lo que ahora no se mi alcanza sobre la adolescencia o juventud y si a ésto le añades el componente afectivo todavía se complica más. Gracias de todas formas por señalar al menos el camino de salida…

    • 31/05/2010 19:11

      Gracias a tí por responder. No es menor el reconocimiento de estar señalando un camino de salida. Si es así, me haces sentir muy contento.

      No obstante, yo también debo reconocer que mi situación es muy similar a la tuya; y que, por ahora, todo el esfuerzo y también lo conseguido, pasa sólo por describir mis percepciones o mis experiencias de relación con los alumnos (no tengo hijos adolescentes, pero después de tantos años, los alumnos acaban convirtiéndose en algo parecido, lo cual no sé si es bueno o malo).

      Cuando pienso en el tema de la “pedagogía del reconocimiento” me surge una pregunta que me cuesta mucho responder: ¿qué sucede cuando el o la joven se empeña en ocultar aquello que puede ser efectivamente objeto de reconocimiento, e insiste en mostrar una “pseudo-identidad” con la única finalidad de poner a prueba nuestra incondicionalidad o nuestra capacidad de comprensión?

      Quizá habría que agregar algo más: una pedagogía del reconocimiento no debe ser “reactiva”, sino “pro-activa”. Lo cual significa que muchas veces el reconocimiento no excluye el conflicto o el enfrentamiento.

      En fin, para seguir pensando…

  3. 31/05/2010 12:21

    grande noé!

  4. Mercedes Camacho Enlace permanente
    06/02/2011 6:48

    QUIERO DARTE LAS GRACIAS POR COMPARTIR ESTE TEMA TAN IMPORTANTE, SABEMOS DE LAS DIFICULTADES PARA NUESTROS JOVENES ENCONTRAR SU IDENTIDAD; QUE BUENO QUE CONTINUES ORIENTANDONOS Y DE SER METODOS PARA QUE LOS ADULTOS PODAMOS ENCAUSAR A LA JUVENTUD Y LOGREMOS LA SEGURIDAD PERSONAL DE LO QUE SE QUIERE.

    GRACIAS
    MERCEDES

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