Formatos (2): diálogos grupales o “debates”
Importancia y significado del diálogo
Como dice Mathew Lipman (1), el pensamiento podría considerarse como la interiorización del diálogo. De esta afirmación puede inferirse que no es del todo posible aprender a pensar mejor, o como diría el creador del programa “Filosofía para niños”, desarrollar un pensamiento de “orden superior”, si no es aprendiendo el nada sencillo arte de la conversación. Ésta parece ser una actividad en la que los alumnos suelen ser muy poco diestros – por descontado que en gran medida también las personas adultas –. Entre otras dificultades, una verdadera conversación exige estar dispuesto a escuchar atentamente, saber valorar aquello que se está escuchando, poder compararlo con el pensamiento propio, extraer conclusiones críticas, y responder de forma prudente y mesurada.
Por otra parte, si consideramos el pensamiento como una actividad completamente “mental” y “privada”, estamos expuestos a un importante malentendido en lo que respecta a la manera de como podemos mejorarlo. La creencia más corriente es que la reflexión engendra el diálogo, cuando, de hecho, es el diálogo el que engendra la reflexión. A menudo, cuando la gente establece un diálogo, se ve forzada a reflexionar, a concentrarse, a considerar otras alternativas, a escuchar atentamente, a poner mucha atención en las definiciones y significados, a admitir opciones que no habría tenido en cuenta si la conversación no se hubiera dado.
Desde la perspectiva de la dinámica concreta del aula podemos preguntarnos por cuáles pueden ser los hechos más memorables y más estimulantes, intelectualmente hablando, del día escolar. ¿Las lecturas? ¿Las presentaciones? ¿Los exámenes? ¿O las discusiones en la clase, en las cuales todos participan y hablan de las cosas que realmente les interesa? Puestos en la discusión, los alumnos reflexionan en aquello que ellos mismos dicen y en lo que podrían haber dicho, recuerdan lo que han dicho los demás y prueban de imaginarse el porqué de lo que dijeron. Además, reproducen en el proceso de sus propios pensamientos, la estructura y el progreso de la conversación. Esto es lo que se quiere decir, cuando se afirma que el pensamiento es la interiorización del diálogo. Si a todo esto sumamos la larga tradición que desde Sócrates ha tenido el diálogo en la enseñanza y el aprendizaje de la filosofía, ya contamos con suficientes argumentos para considerar a esta práctica como un “formato de actividad” central en el desarrollo de nuestro trabajo como docentes de la materia de Filosofía en el Bachillerato.
Creo importante tener en cuenta, por otra parte, que la participación en un diálogo no siempre se produce mediante la verbalización del pensamiento; también habría una, digamos, “participación débil” por parte de aquellos que siguen con interés las argumentaciones que se están volcando en la clase, que reproducen en su interior los términos que se confrontan, y silenciosamente también las contrastan con sus propias ideas, rebatiéndolas o identificándose con ellas, fortaleciendo o modificando las propias. De igual forma estos alumnos realizan en silencio un proceso que muchas veces los que más participan –precisamente por ello– no pueden llevar a cabo: reparar, de forma “metacognitiva”, en las estrategias argumentales que desarrollan sus compañeros; no sólo captan lo que se está diciendo sino también el cómo se está diciendo, incluido en esto la percepción de las tonalidades emocionales y las posibles intenciones de los comportamiento. Quien escucha, además de escuchar interpreta, convirtiendo todo lo que se está diciendo en materia para la búsqueda de sentidos, aunque se haga en silencio.
Todo esto me lleva a pensar que la riqueza o la calidad del diálogo en clase, desde un punto de vista filosófico, no puede ser medido únicamente por el grado de participación verbal de los alumnos en general, ni tampoco siquiera por la corrección formal de su desarrollo en exclusiva, sino más bien por la medida de la aportación a la construcción de conocimientos y sobre todo de sentidos nuevos, a ese plus de producción intelectual, que generalmente es difícil de detectar o de medir, pero que puede expresarse en indicios significativos, como por ejemplo, en ciertos gestos de asombro o de satisfacción, también en la formulación de nuevas preguntas, o sencillamente en la continuación del debate que a veces se produce más allá del espacio formal de la clase.
Tipos y funciones del diálogo grupal
El diálogo filosófico en grupo –lo que habitualmente los alumnos llaman “debates”- considerado como actividad central de nuestras clases, podría tener funciones progresivas. Se pueden señalar al menos tres: como introducción a un tema determinado, para aclarar y profundizar cuestiones, y como medio para construir teorías.
- Antes de entrar de lleno en un tema es necesario que los alumnos pongan a prueba sus ideas hablando con los demás, intercambiando experiencias y percepciones mutuas; y comenzar a sentir así una cierta excitación, a medida que las implicaciones del tema comienzan a filtrarse. Es sólo entonces cuando el tema les parece incitante. No deberíamos creer que, porque los adultos, podemos escribir o leer y entender una cosa sin discutirla con nadie, éste puede ser un modelo adecuado. El diálogo, en una primera etapa introductoria, es una fase indispensable del proceso.
- Una segunda función, la de aclarar y profundizar cuestiones, significa la reconversión de la habitual forma expositiva y académica de desarrollar un tema en un proceso dinámico que promueva la participación activa de los alumnos. El diálogo, tanto en el desarrollo de su primera función como en esta segunda, nos permite poner a prueba aquellas ideas o preguntas claves que hemos preparado con anterioridad, y que he denominado “núcleos de significación”; también detectar nuevos núcleos que puedan emerger de la dinámica dialógica del conjunto de la clase y, sobre todo, recuperar aquellos esquemas de referencia propios del pensamiento de los alumnos que nos servirán de materia primera para el desarrollo de la tercera función: el diálogo como investigación o construcción de conocimiento.
- Si a la primera función podríamos designarla como función motivacional, y a la segunda como función expositiva, esta tercera, que sería la culminante y más importante, la designaremos como función creativa o de investigación. Tanto el debate introductorio como la aclaración y profundización de contenidos expositivos no dejan de ser prolegómenos de la actividad principal de una “comunidad de investigación filosófica”. En esta última ponemos a prueba los núcleos de significación, considerados como hipótesis problemáticas que permiten movilizar las referencias intelectuales previas de los alumnos, reconociendo y detectando sus estereotipias y contradicciones, sus prejuicios, y también aquellos aspectos críticos de su pensamiento que pueden anticiparse y ser aportados a la investigación.
Es en el desarrollo de esta última función que las exigencias procedimentales del trabajo docente se maximizan: el trabajo cooperativo, la lateralización de las relaciones, el carácter creativo y relacional de las intervenciones, la redefinición de la función docente, principalmente como posibilitadora de condiciones.
Condiciones y dificultades para el debate filosófico en clase
El diálogo dijimos que es la herramienta fundamental de la investigación filosófica, pero posiblemente sea también la herramienta más difícil de usar y respecto de la cual los alumnos se encuentren menos preparados. Es necesario incorporar como uno de los objetivos prioritarios de la tarea docente el aprendizaje en la práctica del diálogo grupal; es imprescindible enseñar a los alumnos el difícil arte de la conversación.
Para empezar, una de las dificultades que primero se presenta es justamente tomar conciencia de que es algo que se debe aprender. Al igual que pensar, se cree que conversar se sabe hacer desde siempre, y no sin razón: la gente se pasa la vida pensando y conversando sin que nadie les haya enseñado nada; o más bien, los aprendizajes se dieron de forma inconsciente, por ensayo y error, grabando en los comportamientos las consecuencias exitosas o fallidas de las diferentes maneras de hacerlo.
Ahora se trata de pensar y de dialogar teniendo en cuenta dos características singulares:
- Es un diálogo que se produce entre muchas personas, no es un diálogo entre sólo dos o tres personas.
- No es un diálogo “instrumental”, es decir para conseguir cosas útiles o más o menos inmediatas, sino un diálogo “reflexivo”, es decir, que tiene por objeto principal el pensar sobre su propio contenido.
Para promover el aprendizaje del diálogo es importante tener en cuenta cuáles son las dificultades o limitaciones iniciales que suelen presentar los alumnos. Se podrían distinguir de dos clases: aquellas que se relacionan con el procedimiento, y las que se dan en relación con los contenidos.
Respecto de las primeras (procedimiento) se pueden identificar las siguientes dificultades:
- Atención prioritaria a las ideas propias. En realidad el diálogo grupal, inicialmente es vivido como debate o como contienda, de allí que lo prioritario es mostrar seguridad en las intervenciones y saber defenderlas. La escucha de las ideas ajenas está subordinada a esta finalidad.
- Ausencia de curiosidad por lo que los demás puedan aportar y falta de interés para contrastar el pensamiento propio y rectificarlo si fuera necesario.
- Actitud de poca flexibilidad: la finalidad principal del diálogo es defender posiciones, no intercambiar ideas y mucho menos construir pensamientos de manera colectiva.
- Frontera difusa entre el cuestionamiento a las ideas y el cuestionamiento a las personas. Los desacuerdos pueden ser vividos como afrentas personales.
Respecto de las segundas (contenidos):
- Dificultad para mantener una línea continuada de argumentaciones. Se suelen mezclar, enlazar y superponer unos temas con otros, de tal manera que, sin darse cuenta, se encuentran al cabo de poco tiempo hablando de cosas que no tienen nada que ver con el punto de partida.
- Dificultad para retener argumentaciones previas y relacionarlas con las nuevas. El diálogo no es vivido como un continuo progresivo en el que cada argumentación puede permitir un ascenso dialéctico hacia ideas nuevas y mejores.
- Facilidad para centrar las intervenciones en los contenidos anecdóticos. Cuando se proponen ejemplos es frecuente que la discusión de desplace al contenido de los ejemplos y se abandone la idea que el ejemplo pretendía ilustrar.
Dadas estas dificultades subjetivas de los alumnos, también es importante considerar aquellas condiciones digamos objetivas, es decir, que dependen del modelo o de la orientación didáctica, para que se pueda avanzar en la calidad del diálogo. Señalaré dos aspectos que considero importantes. En primer lugar, un diálogo filosófico no busca únicamente posibilitar la expresión del pensamiento de los alumnos, sino además promover un trabajo reflexivo y crítico sobre este pensamiento. En segundo lugar, una dinámica radial, en la que todas las intervenciones están dirigidas al profesor y son respondidas por éste, puede reflejar una clase formalmente muy participativa, pero no sería una situación de diálogo tal como la entenderíamos en un contexto de comunidad de investigación.
Los alumnos, de acuerdo a sus referencias sobre el funcionamiento escolar en general, suelen identificar los debates con la interrupción del trabajo o con el esparcimiento. Más de una vez, ante una situación de paréntesis académico producido por la ausencia de un profesor, o en una sesión tutorial en la que no había nada previsto para realizar, los alumnos rápidamente proponen: ¡hagamos un debate!. La experiencia me muestra que los resultados no suelen ser muy provechosos, y generalmente se reproducen todas las limitaciones y dificultades señaladas con anterioridad. La conversión de esta idea de debate en auténticos diálogos filosóficos no resulta fácil, requiere esfuerzo, y sus efectos gratificantes, tanto para los alumnos como para el profesor, se dan después de un prolongado entrenamiento y a través de experiencias no siempre muy alentadoras. Me ha pasado que, después de todo un trimestre de estar trabajando de manera dialogada, de haber reducido al mínimo mis intervenciones magistrales, al final del trimestre, cuando suelen quedar esas horas libres durante la semana de exámenes finales, ante la consulta sobre lo que podíamos hacer, los alumnos respondieran quejosos: ¡profe, hagamos debates, que prácticamente no hemos hecho ninguno en lo que va de curso!
Finalmente, en la búsqueda de estrategias para promover el aprendizaje del diálogo filosófico cabe destacar la importancia de enseñar con el ejemplo. En esto juega un papel decisivo la escucha atenta del profesor y su capacidad para recordar las intervenciones que hayan realizado los alumnos con anterioridad. De esta forma mostrará cómo es posible estar atento a lo que dicen y piensan los demás participantes de la conversación, y cómo, transcurrido un tiempo, es posible recuperar esas ideas para enriquecer o corregir lo que se dice en ese momento. También se puede preguntar a algún alumno si recuerda lo que ha dicho otro compañero sobre algo relacionado con la intervención que acaba de hacer. El docente muestra de esta forma la importancia de escuchar, de recordar y sobre todo de desplazar el pensamiento propio, utilizando sus intervenciones para referirse a las intervenciones de los demás.
Respecto de las dinámicas radiales es necesario, si se quiere avanzar en un auténtico proceso de investigación, promover la lateralización de las relaciones. Para ello resulta de gran ayuda la distribución física de los alumnos en el aula: la distribución en círculo, lo favorece; y también el trabajo en grupo o los formatos denominados cooperativos.
Las dinámicas radiales forman parte de las referencias de los alumnos sobre el normal funcionamiento escolar; tal es así que, habitualmente, las intervenciones, que al menos tienen que ver con el desarrollo normal de la clase, se realizan siempre dirigidas al docente. El esfuerzo de éste por lateralizar las relaciones puede ir en el sentido de devolver o reconducir las intervenciones para que éstas se dirijan al resto de los participantes del grupo. Por ejemplo, si un alumno hace una pregunta al profesor, éste, en lugar de contestarle puede sugerir que otro alumno lo haga en su lugar; o bien, pedir al alumno en cuestión que vuelva a formular la pregunta dirigiéndose ahora al resto de la clase, incluso nombrando a un compañero como interlocutor preferente (es posible que nos sorprenda observar como el contenido y la forma de la pregunta suele modificarse en esta segunda circunstancia).
En la medida en que el grupo madure en su desarrollo como comunidad de investigación, estas estrategias, que implican cambios aparentemente sólo metodológicos, se comenzarán a aplicar de manera mucho más espontánea y natural; siendo la intervención del docente más de acompañamiento y cada vez menos decisiva.
(1) LIPMAN, M. (1991), Pensamiento complejo y educación, Madrid: Ed. de la Torre.








Apreciado Alejandro :
Me parece muy sugerente la aportación que realizas puesto que efectivamente el diálogo parece que formaria parte de esa especificidad filosófica que parcialmente nos define. Las condiciones ideales del diálogo me parecen básicas tal como Jurgen Habermas sostiene para conseguir no sólo el parloteo acelerado y que genera simple opinión sinó algo más.
Efectivamente la clave de ese algo más no resulta fácil puesto que el diálogo parece que se le encorseta cuando se lo delimita y se le dirige hacia la pregunta o la repuesta del profesor. La distribución del aula para mi resulta básica y quizás el propio espacio escolar no ayuda a un verdadero diálogo al respecto. Hay un elemento que en mi experiencia creo clave que es la diferencia entre saber opinar y saber argumentar. No se trataría de un hablar por hablar o como tu defines bien un posicionamiento cognitivo o emocional frente a la posición personal , más bien se trata de saber avanzar y eso requiere ciertas capacidades y habilidades que el sistema escolar no posee en gran parte. Por ejemplo el propio profesorado a menudo entiende el diálogo como una improductividad didáctica y eso acaba transmitiendose a quienes estan iniciando ese proceso de aprendizaje. Aprender a dialogar como tu sostienes es aprender a crear una comunidad de investigación y de aprendizaje. Un ejemplo en este sentido que viene al caso sucedió hace poco en la comisión pedagógica que participo. Los distintos departamentos intentamos cambiar el modelo de trabajos de síntesis que vienen realizándose en la enseñanza obligatoria y por eso pensamos que era bueno establecer unas condiciones o requisitos mínimos como punto de partida para organizar nuestras propuestas. Frente a esta idea la mayoría de profesorado ha mostrado su rechazo al respecto por considerar que si existen condiciones mínimas o requisitos indispensables se limitará el propio proceso de aprendizaje. Bueno hasta aquí parece interesante esta consideración como anteriormente decía a veces esa normativización pedagógica nos aprieta demasiado , sin embargo en ese posicionamiento las razones que se sostienen son precisamente que a demasiadas condiciones el resultado es la fundación del caos y de la anarquia pedagógica desde las areas. El transfondo sin embargo no viene por los contenidos en este caso sino más bien por la relación que se establecen entre departamentos y equipo directivo. El diálogo por lo tanto no coincide en absoluto con las voluntades de los participantes y las razones que se utilizan en la dialéctica sólo esgrimen esa relación con uno mismo. Dialogar creo que debemos diferenciarlo de debatir puesto que esto último entraria en un espacio de las sin condiciones. Hay un elemento importante que resulta esencial :las condiciones ideales. Por ejemplo es como cuando se produce una conversación en un bar lleno de gente y con música alta. El diálogo requiere una situación inicial previa ( espacio en el aula, preparación de los contenidos, moderación de las intervenciones, ..) pero no acaba aquí puesto que luego tanscurre en el aula y sale del aula más allá donde en el patio -espacio no formal- continua incluso alumnos y alumnas lo extraditan a sus hogares para seguir esa dialéctica inacabada .
El modelo social existente no invita a esa participación activa y consensuable para crecer en ideas. Dialogar como compartir ideas no arrastra puesto que detiene a menudo intereses opuestos como citada antes entre profesorado y alumnado. Explicar a Sócrates hablando de método mayeútico en un segundo bachillerato requeriría un saber hacer que haga avanzar entre el reconocimiento de saber que uno se enriquece con el saber compartido y la capacidad de variar los pensamientos. Efectivamente ese pensar interior que nos invita a reflexionar no se detiene a lo largo de nuestra vida y nos mantiene en una constante ansiedad intelectual. Sin embargo el pensar compartido – ahora pienso en Hannah Arendt – implica algo más que motivación, voluntad, gestión de las emociones, relación personal…. ¿En qué clases se produce más y mejor este diálogo ? Precisamente en aquellas que lo espontaneo surge y lo significativo se aproxima a los participantes : en ética, en filosofia y ciudadanía… Huir de esos encorsetamientos cognitivos que nos someten resulta básico para empezar a crear condiciones de comunidad de investigación. ¿No será la virtualidad de estos espacios en el faceebook o messeger los que se pueden ofrecer mejores condiciones de diálogo? Un ejemplo es lo que sucede entre padres e hijos cuando estos últimos acaban reflexionando mejor con el amigo del padre o con el tio de la familia que con sus progenitores. O el propio profesorado de filosofia que en los distintos grupos o subgrupos de didáctica nos acabamos posicionando en función de nuestro ego y olvidamos que en las disidencias se produce no razones para convertirnos en intolerantes o individualistas sinó más bien en excusas para seguir intentando buscar la palabra como encuentro. ¿Acaso el idioma o la lengua ha de generar un debate que nos haga sentir excluidos de esa comunidad pedagógica o filosófica que insiste en los derechos de los poderosos y olvida la diferencia de los centros, profesores, alumnos, ..? Por otra parte el diálogo de más de dos personas efectivamente requiere entrar en esa voluntad general del pensar compartido. En unas jornadas en Pamplona con escuelas libres donde pude observar el trabajo de varias escuelas que sostenían esta idea de aprendizaje observé esa dificultad de a pesar de las voluntades coincidentes saber encontrar una reflexión en común compartida y consensuada. Eso no significa que no sigamos avanzando hacia estas condiciones ideales de diálogo y consenso.
Resumiendo ; el diálogo requiere encuentro entre pensares y decires ; requiere capacidad de comunicación cognitiva-emocional- ; forma parte de un aprendizaje inacabado que nos hace avanzar hacia el nosotros mismos y nos enriquece pero debe ofrecer un espacio circular , un tempo abierto, una moderación en red y unas condiciones humanas ( humildad, prudencia, tolerancia, altruismo y cordialidad ) .
salut .
referencia : jose contreras domingo “Otras escuelas, otra educación, otra forma de pensar en el curriculum” ( saberes e incertidumbres sobre el curriculum.Morata.2010.)
EUDEC , (european democratic education community. red de expansión de escuelas http://www.eudec.org
Asociación Tximeleta para la innovación educativa.Pamplona.
Gracias Xavier por enriquecer el blog con un comentario tan interesante e intenso. Confieso que debo realizar un par de lecturas más.
De momento subrayo algunas ideas que me sugiere esta primera lectura:
Las dificultades para el diálogo que tenemos los docentes, no únicamente en el trabajo dentro del aula, sino también en las dinámicas que establecemos con el resto de los profes en el instituto.
La expansión del diálogo en el resto de los ámbitos de relación social, como la familia o los amigos; como así también las condiciones o los condicionantes que el sistema social presenta para que las dinámicas dialógicas no se reduzcan a contiendas instrumentales, sino que se den en función de la producción compartida de conocimiento y el enriquecimiento personal y solidario.
Las condiciones peculiares que posiblemente tienen para el desarrollo del diálogo los medios virtuales de comunicación tales como las redes sociales (facebook, twitter, etc), al ofrecer formas de comunicación en red, espontáneas y sin la rigidez de los controles propios de la educación formal.
En fin, una serie de aportaciones que me llevarán a seguir pensando.
Gracias nuevamente.
Un abrazo.
Alejandro
Acabo de descubir tu blog a través de filotic. He estado leyendo algunas entradas y me he detenido en el comentario sobre el diálogo en clase, asunto que me preocupa y me ocupa bastante, por diversas razones. Y me preocupa porque a parte de todas las dificultades que habeís apuntado mas arriba, me encuentro con una añadida que es el elevado número de alumnos con los que me encuentro en el aula en secundaria, y el desintéres de una mayoría con respecto a las cuestiones que trata la filosofía. Sin embargo, hay una minoría con la que si sería posible teniendo en cuenta que mi centro no es tic, y que cuento casi únicamente con los elementos tradicionales a la hora de enseñar. Hasta ahora no me había encontrado con este problema, claro que hasta ahora no había sufrido la masificación de alumnos en las clases y me pasa con todos los grupos hasta 2º de bachillerato. Bueno, felicitarte por tu página y en espera de un comentario. Gracias. Un saludo. Ascen
Hola Ascen.
Comprendo muy bien la dificultad que explicas porque me ha tocada vivirla muchas veces en carne propia. Los grupos numerosos plantean problemas de funcionamiento de no fácil solución.
Una cuestión importante creo que es el de la motivación. Tu mismo te refieres al “desinterés de una mayoría con respecto a las cuestiones que trata la filosofía”. Quizá una posibilidad sería abandonar las “cuestiones que trata la filosofía” y abordar cuestiones que le interese a esa mayoría, intentando promover la búsqueda de una dimensión filosófica.
Sé que esto no es fácil, sobre todo porque solemos encontrarnos bajo la presión de un programa que se debe cumplir. Pero quizá se podría dedicar alguna clase en la semana a trabajar “filosóficamente” temas que les interese o que propongan los alumnos.
Después están las cuestiones prácticas. Los debates no pueden durar mucho tiempo, la moderación debe ser muy estricta siguiendo unas pocas reglas de funcionamiento muy claras, el tema de debate debe ser preciso.
A mi me va bien comenzar a trabajar primero en pequeños grupos, luego hacer una puesta en común mediante la lectura de un representante de cada grupo, y finalmente un tiempo de debate general.
También, cuando el debate es general utilizo el sistema de las “rondas de intervenciones”: ante una cuestión determinada, se establece un turno de palabras, se cierra y comienzan las intervenciones. Si algún alumno quiere intervenir, apunta lo que quiere decir en un papel, y espera la próxima ronda.
Cuando el grupo se va entrenando estas reglas se pueden flexibilizar. De todas formas, siempre lo más difícil es evitar los diálogos parciales y conseguir que todos escuchen a quien está hablando.
En la siguiente entrada “Formatos (3)” encontrarás más sugerencias prácticas sobre todo esto. También en la entrada “Diario de clase 5: “ronda de intervenciones”
Espero que te haya sido de alguna utilidad, y me alegra tenerte por aquí.
Un saludo.
Alejandro
Gracias Alejandro por respondrme tan pronto. Creo que este blog me puede aportar mucho. Las dificultades que te comenté se producen en los niveles de 4º con ética y 3º con ciudadanía. Además de las pocas horas a la semana me encuentro con la masificación que te comenté en mi primer correo. En cuanto a la Educación para la ciudadanía, tengo dos grupos: uno “bueno” y otro “malo”. Me siento como el auriga aquél, intentando que los caballos no seme desboquen….Hablas de motivación y la verdad es que le doy muchas vueltas al asunto, me salgo bastante del temario oficial e intento tratar temas de actualidad que les interese de verdad pero aun así, cuesta porque están en una edad complicada. Conlos “buenos” incluso puedo trabajar alguna película pero con los otros….me paso casi todo el tiempo intentando que aprendan a estar en clase, a no insultarse, (mi centro tiene alumnos conflictivos,etyc.etc)y claro, parezco más una policía que una profesora, intentando mantener el orden, amenzando con partes,en fin. El caso es que estoy intentando ajustar mi metodología a la realidad con la que me encuentro porque veo que el sistema que hasta ahora me funcionaba, ya no me sirve. Estoy con otra compañera en mi departamento pero al ser de la directiva y no impartir clases en secundaria, me veo como Gary Cooper en Sólo ante el peligro. En fin, es una experiencia diferente en mi vida porque hasta ahora, no me había encontrado con este tipo de dificultades, lo que no sé si es mejor o peor. De nuevo, gracias . Seguiré tus recomendaciones. Un saludo. Ascen.