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Modelos de práctica docente (1)

10/03/2011

Entrada revisada y corregida el 18/5/2013

Modelos de práctica docente 1 (PDF)


En esta entrada deseo hablar de modelos. No puedo evitar justificarme: después de poner en cuestión reiteradas veces la validez de cualquier modelo con el cual comparar y evaluar nuestra práctica docente, ahora me pongo a hablar de modelos, y no precisamente para criticarlos. Es que últimamente le he estado dando vueltas a la cuestión y finalmente he caído en la cuenta de que, a pesar de todas las críticas, yo mismo, sin reconocerlo de manera explícita, me estaba refiriendo a formas consideradas más o menos óptimas de nuestro trabajo en las aulas, es decir a modelos.

Ahora he llegado a la conclusión de que al menos hay dos maneras de acercarse a la cuestión de los modelos docentes. Una sería hacerlo desde una óptica más o menos platónica. Los modelos entendidos como formas perfectas y exteriores a la práctica real de los docentes, y por tanto percibidos como ideales inalcanzables, y también sancionadores de la calidad de nuestras acciones. Seremos mejores o peores maestros conforme nos parezcamos más o menos a esos modelos, según “participemos” en mayor o menor medida de ellos.

¿Cuál sería el perfil ideal de un docente para los tiempos que corren? Naturalmente que deberá ser un “docente 2.0”. Es decir, alguien que posea un dominio considerable de las nuevas tecnologías, que sepa utilizarlas eficazmente en sus clases, que promueva el trabajo colaborativo y en red con sus alumnos, que sea capaz de contener y dar respuesta a la diversidad del grupo-clase, que sea capaz de subordinar la transmisión de contenidos al aprendizaje de competencias, que gestione las dinámicas emocionales y de convivencia adecuadamente, etc., etc.

Así formulado, sin negar la validez de estas habilidades como rasgos deseables, la distancia que suele haber entre un perfil con estas características, y la realidad concreta, llena de dificultades, incertidumbres y resultados poco gratificantes, puede generar una suerte de parálisis y una inclinación diría irresistible a continuar haciendo las cosas tal como se han hecho siempre; que por algo se trata de un terreno conocido, y aunque los resultados no sean muy satisfactorios, al menos suelen ser previsibles. [Ver entrada anterior]

Otra forma de entender la cuestión de los modelos sería hacerlo desde una perspectiva diría más “kantiana”. El modelo, más que un ideal que intenta constituir desde fuera una realidad que es de por sí deficiente e imperfecta, se propone como horizonte regulativo de proyectos y orientaciones. Genera condiciones para recuperar todo lo que de positivo tiene la propia experiencia docente acumulada, posibilitando reconocer, sin descalificaciones innecesarias, aquellos rasgos que han devenido obstáculos para una acción presente innovadora. El modelo, más que un ideal a imitar, se dibuja como un facilitador de prácticas nuevas; más que un patrón calificador, se ofrece como un marco de orientaciones que resuelve problemas y hace el trabajo más fácil.

Ya se aborde la cuestión de una u otra forma (en mi caso, siento sin lugar a duda una mayor afinidad con la segunda) habría una cuestión básica relacionado con todo ello, y es  la cuestión de las formas reales que suelen adoptar las prácticas docentes, y las posibilidades efectivas para su transformación. Con independencia de los modelos que desde el universo pedagógico o institucional se nos ofrezcan, a lo largo del ejercicio de nuestra profesión hemos ido construyendo “modelos implícitos”, que por su condición de tales no fuimos muy conscientes de su existencia o de sus características. En todo caso llegamos a reconocer que se trataba de “nuestra manera de hacer las cosas” o de nuestro “estilo docente”.

Estas “formas de hacer” o “estilos” o “modelos implícitos”, además de no ser muy conscientes de ellos, o quizá precisamente por no serlo, nos resultan muy difícil de modificar. Y esto, al menos en mi caso, suele ser fuente de angustia y de desánimo. Cuántas veces me he detenido a comprobar la enorme distancia que llega a haber entre las reflexiones que he realizado con otros compañeros de profesión, o que he escrito en alguna publicación o en este mismo blog, y la práctica real y efectiva en el aula con mis alumnos. He de reconocer también que muchas veces ha sido precisamente esa distancia, o mejor dicho su autoconciencia reflexiva, lo que me ha permitido buscar nuevos caminos, ensayar orientaciones diversas o, como decía en una entrada anterior, construir micro-teorías. Pero en todo caso la práctica real siempre ha ido muy por detrás del pensamiento auto-reflexivo.

En muchas ocasiones he recordado aquella fábula atribuida a Esopo en la que un escorpión le pide a una rana que le permita cruzar el río montado en su espalda. La rana se niega rotundamente previendo el riesgo de que el escorpión pudiera picarle durante el viaje. Finalmente el escorpión la convence diciéndole que si ella muere envenenada por su picadura él también moriría ahogado. En medio del río el escorpión pica a la rana, y ésta, moribunda, le pregunta por qué lo ha hecho, a lo cual el escorpión responde: no pude evitarlo, es mi naturaleza.

¿Dónde puede estar el origen de esta dificultad para hacer de nuestras prácticas algo más versátil y flexible? Considero que en parte puede deberse a que nuestros procesos de formación fueron por lo general “acríticos”, es decir, incorporamos estrategias y recursos de una manera automática, diría por imitación o por supervivencia, casi por “ósmosis”. En pocas ocasiones nos detuvimos a pensar sobre la conveniencia de determinadas orientaciones didácticas, o a revisar críticamente los resultados de nuestras prácticas. Por otra parte, una vez consolidados estos comportamientos, una economía de recursos y de energías nos llevó a automatizarlos; de manera que, ante situaciones nuevas, tendemos a repetirlos con independencia de la singularidad de la situación y la adecuación de estas respuestas, ahora ya estereotipadas.

Estos comportamientos se consolidaron como “esquemas básicos de actuación docente”; esto es, como un conjunto de referencias, significados y valores,  también como formas de interpretar situaciones y de responder a ellas. Estos “esquemas” al constituirse como las principales referencias pedagógicas y de relación en el aula, nos resultan imprescindibles para movernos con un mínimo de seguridad, y reducir así la ansiedad habitual que producen las situaciones nuevas. Esta necesidad, diría de supervivencia, es lo que posiblemente explique su fortaleza y también las dificultades para su modificación.

A la fábula de la rana y el escorpión me gustaría introducirle algunas modificaciones: a alguien se le ha ocurrido establecer un servicio de barcas para cruzar el río, las ranas han impulsado una campaña para advertir a las colegas desprevenidas sobre la naturaleza y las intenciones de los escorpiones, alguien ha construido un puente, los escorpiones han reflexionado sobre sus irresistibles tendencias y finalmente han concluido que es más seguro cruzar el río en barca o a través del puente que montados en una rana.

Alguien dijo que quien enseña no son los profesores sino la institución educativa. Habría que agregar: es impensable la transformación de las prácticas docentes como un esfuerzo aislado de los profesores. El entorno nos condiciona, nos condiciona el equipo docente, la junta directiva, el número de alumnos por aula; pero por sobre todo nos condiciona las puertas cerradas de nuestras aulas y el aislamiento de nuestras prácticas. Mientras las dinámicas colaborativas con el resto de colegas brille por su ausencia, o se limiten a relaciones que se aproximan más al trámite (el trámite de evaluar, el trámite de aplicar sanciones, el trámite de gestionar el departamento o el instituto) que a una acción compartida, y a la vez innovadora y efectiva,estaremos condenados a ser escorpiones secuestrados en nuestras propias naturalezas.

En este sentido, me permito insistir en lo planteado con anterioridad: no existen modelos externos desde los cuales promover auténticos procesos de transformación. Los modelos externos sólo sirven para evaluar, sancionar y finalmente inhibir la predisposición al cambio. Paradójicamente, los “esquemas de actuación docentes” (la naturaleza que como “escorpiones” tenemos) es la fuente de todas las resistencias a modificar las prácticas; pero al mismo tiempo encierran las condiciones de posibilidad para construir aquellos modelos con los que nos podamos sentir cómodos y reconocer como propios. Sólo basta convertir esos esquemas implícitos o inconscientes en material de reflexión autoconsciente. Promover lo que di en llamar en entradas anteriores “procesos de recuperación autobiográfica” como vía para la formación continuada del profesorado.

No hace mucho tiempo veía un vídeo de Itay Talgam, un director de orquesta, que en una conferencia TED se dedicaba, para disfrute de su audiencia, a señalar los rasgos dominantes de diferentes directores famosos, los cuales no todos eran precisamente positivos. Mientras lo escuchaba fui teniendo la certeza de que la conferencia terminaría con la descripción de un modelo de director de orquesta que pudiera superar todas estas peculiaridades. Sin embargo no fue así: el conferenciante concluyó en que el mejor director de orquesta será aquel que pudiera reunir las cualidades de todos los demás. Recuerdo de esta conferencia una idea del final que me gustó especialmente: quien realmente ama a alguien le deja ir, entendiendo por “dejar ir” permitir que cada uno pueda llegar a ser uno mismo.

Al pensar en que no hay modelos fijos ni externos, sino que por el contrario cada docente debe construir el suyo propio, desde su propia experiencia, no pude evitar recordar aquella manida frase, atribuida originalmente a una de mis actrices favoritas, Judy Garland: “Procura ser siempre la mejor versión de ti mismo”. Posiblemente la única orientación universal en la que podría reconocerme es aquella que afirma que el trabajo docente es sobre todas las cosas un viaje hacia la autonomía de los alumnos. Las formas de facilitar este viaje en los alumnos son infinitas. Ellos necesitan de equipos docentes heterogéneos, sin modelos fijos. Cada docente debería tener su propio modelo: la mejor versión de sí mismo.





Enlaces para seguir pensando desde otras perspectivas
:

¿Qué es ser un buen profesor? de Javier Martínez Aldanondo

Renunciando a la enseñanza de Josh Stumpenhorst (vía XarxaTIC)

Liderar como los grandes directores de orquesta de Itay Talgam (Vídeo)


Finalmente, una tarea:

Estoy convencido de que somos como profesores lo que algún profesor fue con nosotros cuando fuimos estudiantes. Por ello, por si tenéis ganas de escribir algún comentario a esta entrada, no os preguntaré sobre cómo creéis que debe ser un buen docente, sino más bien cómo fue aquel docente que tuvisteis y que recordéis especialmente.

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7 comentarios leave one →
  1. 10/03/2011 23:28

    Tengo buen recuerdo de muchos profesores, he llegado a ser lo que soy “por culpa” de ellos, ellos son los que me dieron las ganas para dedicarme a lo que me dedico. Pero los docentes que me han marcado más son los que sigo encontrándome día a día, especialmente en la red. Te incluyo entre ellos, Alejandro, junto con otros muchos de los que aprendo día a día: compañeros de Chiron, de Novadors. Esos son los docentes que me marcan, los que van guiando mis pasos, esos compañeros generosos que comparten ideas continuamente, en ocasiones sin siquiera darse cuenta de lo mucho que influyen en mis prácticas docentes. Será porque sigo considerándome estudiante, aprendiendo día a día.
    Gracias por la reflexión, como de costumbre es contagiosa.

  2. 11/03/2011 18:45

    Hola Alejandro
    Realizas un diagnóstico del trabajo docente muy cercano a la realidad, y creo que no solamente de lo que ocurre en tu contexto sino también en muchos lugares, incluso en el mío. Como lo mencionas, creo que esa tendencia a economizar recursos y energías es lo que lleva a la mayoría de los docentes a realizar un trabajo no muy reflexivo.
    En cuanto a la “tarea” que nos dejas, no puedo señalar un docente en específico, más bien lo que he encontrado son momentos en los cuales ciertos docentes han mostrado aspectos muy resaltantes en su trabajo, entre ellos he experimentado la solvencia académica de maestros y que no se reduce a conocimientos acumulados, sino a su forma de utilizarlos de una manera significativa, también puedo mencionar la capacidad de penetración en la explicación de determinados fenómenos (naturales, sociales, culturales, etc.), otro aspecto es la forma de relacionarse con los estudiantes (o si quieres aprendices) de tal modo que les despierta inquietudes que los movilizan. Pueden ser más, pero son los que recuerdo por el momento.
    Saludos
    Wilbert

  3. 11/03/2011 21:35

    http://alsinaxavier.blogspot.com/2011/03/virtudes-publicas-y-vicios-privados.html

    te remito este post sobre algunas ideas sobre el aprendizaje y sus atolladeros o no .

  4. 12/03/2011 1:48

    Dices:
    “no hay modelos fijos ni externos, sino que por el contrario cada docente debe construir el suyo propio, desde su propia experiencia, ”
    ” nos condiciona las puertas cerradas de nuestras aulas y el aislamiento de nuestras prácticas.”

    No sé si acabo de entender a qué te refieres cuando hablas de modelos, pero yo si creo que hay un modelo, el verdadero modelo de profesional docente:
    .- Sabe que siempre puede avanzar y mas que buscar culpables externos, busca como mejorar su práctica.
    .- Se preocupa por conocer investigaciones (investigaciones) sobre como se aprende.
    .- Encuentra otros docentes, fuera o dentro del centro con quien compartir la búsqueda de una mejora de su trabajo docente.
    .- Observa, registra y analiza aspectos de su práctica que pone en común con esos otros docentes para encontrar cómo mejorar.
    .- Comparte su aprendizaje con su alumnado y los hace participes de ese proceso de autoevaluación y mejora.
    Para muchas personas eso es algo como extraterrestre, pero por suerte cada vez más docentes entienden que esa es la manera de avanzar, de conseguir mejores ciudadanas y ciudadanos sin renunciar a mejores rendimientos: http://aprenderhablando.blogspot.com/
    Sí hay modelos externos, aunque coincido contigo en que debemos adaptarlos a nuestro contexto, pero como tú bien dices debemos conocerlos y coger lo mejor de ellos.
    Escuchar al alumnado, trabajo colaborativo, hacerles participes de su proceso de aprendizaje, que conozcan desde el principio que pretendemos, como les vamos a evaluar, hacerles propuestas significativas y que les reten … todo eso no son palabras vacías para muchas personas.
    Y Xavier ¿que más nos queda?
    Cambiar de profesión, cuando uno no encuentra respuestas que ayuden a las personas a las cuales tiene la obligación de ayudar.

    • 12/03/2011 10:18

      Carmenca coincido totalmente con lo que dices seguramente como tu bien dices la práctica compartida resulta productiva porque ayuda a reflexionar a cuestionarte a ti mismo sobre aquello que haces y como lo haces. En filosofía este aislamiento profesional del profesorado creo que ha podido empobrecer dentro de los centros esa motivación personal y condicionar excesivamente a seguir haciendo lo de siempre.
      Claro que en la pregunta de ¿qué nos queda? existe un interrogante hacia uno mismo pero también hacia los demás. No todo el mundo se realiza esta pregunta porque no la necesita para educar. El aprendizaje requiere pienso una determinada relación con la práctica misma que realizas y con tu propia manera de alcanzarla . Por eso aprender no es separable de auto-aprender. Ayudamos en el aprendizaje pero nos ayudamos en este proceso de aprendizaje. El sujeto no se puede separar del objeto mismo . Por eso cuando a veces lo hacemos desvirtuamos precisamente el propio proceso educativo.

  5. 02/01/2014 16:28

    Si os gustó el documental LAS MAESTRAS DE LA REPUBLICA, estamos preparando una segunda parte. Queremos seguir recordando a estas mujeres valientes que defendieron sus derechos y que creyeron que otra sociedad era posible a través de la educación.
    Para sacarlo adelante hemos puesto en marcha un crowdfunding. Este es el enlace:
    http://www.verkami.com/locale/es/projects/6871-las-maestras-de-la-republica-ii-parte.
    Ayudadnos!!! se puede colaborar desde 5€. También os agradecemos la difusión entre aquellas personas que penséis que pueden estar interesadas.
    Muchísimas gracias!!.

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  1. Mirando hacia la blogosfera educativa… | formadordeformadores.com

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