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Lo global se transforma desde el retorno a lo próximo

06/06/2014

metamorfosis

 

Continuando en el camino de revisar y reflexionar sobre materiales publicados hace un tiempo, un sugerente y ciertamente optimista texto de Edgar Morín, me permite profundizar, a través del concepto de metamorfosis, las ideas de emergencia y conectividad propuestas en el artículo anterior. La idea de metamorfosis, frecuentemente ejemplificado en la oruga que se autodestruye para convertirse en mariposa, puede servirnos para representar las transformaciones que se vienen dando desde hace ya unos años en el mundo educativo de hoy.

Comento algunas ideas presentes en el texto de Morín, referidas a los procesos de metamorfosis en general:

  • La degradación progresiva de un sistema puede revertirse en la emergencia de un nuevo metasistema. [También podría entenderse esta “degradación progresiva” como el desarrollo de oposiciones entre contrarios, lo cual nos permitiría aproximar la idea dinámica de metamorfosis a la tradición del pensamiento dialéctico]
  • La metamorfosis es un proceso complejo y simultáneo de expansión y de contracción: lo global se transforma desde el retorno a lo próximo y las iniciativas particulares repercuten, muchas veces de manera imperceptible, en la emergencia de nuevas realidades globales.
  • La radicalidad de la noción de “metamorfosis”, a diferencia del concepto de “revolución”, reside en que la transformación es inseparable de la conservación. Esta idea nos alejaría de la idea de disrupción, tan en boga últimamente. La emergencia de realidades nuevas no implica necesariamente la ruptura con experiencias y procesos anteriores, sino más bien su recuperación crítica. La propia autoconciencia de esa recuperación deviene, ahora desde una visión actualizada, en nuevas perspectivas de innovación.
  • Las transformaciones supondrían una suerte de “dialéctica orgánica” en la que se superpone continuidad y discontinuidad.

Este marco teórico general me lleva a repensar la crisis de las instituciones educativas y de las prácticas profesionales de sus agentes (alumnos, docentes y gestores). Crisis que se manifiesta en la pervivencia de formas tradicionales de aprendizaje y de convivencia escolar, coexistiendo con nuevas tecnologías educativas emergentes, las cuales, en su aplicación, suelen poner en cuestión esas mismas formas, sin necesariamente llegar a transformarlas.

Se podrían reconocer numerosos antagonismos que posiblemente sean síntoma de la crisis que vive la institución educativa, y a la vez constituyan condiciones de posibilidad para ese proceso de metamorfosis que puede estar gestándose en sus diferentes ámbitos. Propongo algunos ejemplos, sin pretender ser exhaustivo. En cada uno de ellos señalo al principio de cada enunciado el aspecto que podría generar condiciones de avance, y seguidamente la realidad que lo mediatiza.

  • El alto nivel que algunos alumnos llegan a tener en competencias digitales, el cual supera con creces el nivel de muchos docentes; y de quienes, no obstante, deben escuchar disciplinadamente en clase contenidos totalmente al margen de dichas competencias.
  • Docentes que utilizan las nuevas tecnologías en sus gestiones personales, demostrando tener un nivel competencial avanzado; pero que a su vez tienen serias dificultades para su incorporación didáctica de forma innovadora en el aula, o que si las incorporan lo hacen para reforzar formas tradicionales de enseñanza o posiciones de hegemonía y control sobre los alumnos.
  • Alumnos que viven experiencias de aprendizajes autónomos por fuera del ámbito escolar gracias a la utilización espontánea de las nuevas herramientas digitales, y que, al mismo tiempo, participan disciplinadamente de dinámicas académicas transmisivas, desarrolladas en un lenguaje que por lo general les resulta ajeno.
  • Institutos que utilizan las TIC para la gestión administrativa del centro, e incluso para la circulación de información, pero que no incorporan en el debate y las programaciones didácticas la utilización de estos mismos recursos.
  • Desarrollo de experiencias individuales colaborativas y en red con un gran valor pedagógico por parte de muchos docentes en el desarrollo de sus clases, dentro de un contexto educativo general de trabajo individual, competitivo y dependiente.

Regresando a la perspectiva propuesta por Morín, y sobre todo recuperando su posición positiva y optimista, creo que este conjunto de antagonismos, síntomas de una institución con claros problemas de supervivencia, pueden ser muy bien anticipos de nuevas realidades en el mundo de la enseñanza y los aprendizajes –cabe destacar que hay experiencias concretas que han dejado de ser anticipos para convertirse en ilustrativos aunque creo que aún minoritarios focos de innovación–, subrayando el efecto transformador que puede llegar a tener la suma de iniciativas aparentemente pequeñas y poco visibles.

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